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Barrionalismo

Luis es un tipo despistado. De los más despistados que conozco. Le puedes deber 50 euros que jamás se va a acordar de pedírtelos (es la razón por la que no lleva las cuentas en Decordel). Recuerdo que un día de pequeños, en uno de los veranos que compartíamos, Luis desapareció durante horas y cuando nos encontró donde sabía que estaríamos sin necesidad de Whatsapp ni Google Maps —la vida transcurría sin móviles—, a la pregunta «¿Dónde estabas, Luis?» nos respondió «Paseando, me he ido a reflexionar». Nos hizo mucha gracia y recordamos esa respuesta durante años. No sé por qué. Supongo que porque pensábamos que andar solo sirve para ir de un sitio a otro en el que hacer cosas. Pero Luis ya de niño decidió que el camino iba a ser el sitio donde pasaban las cosas.

Los despistados no lo son tanto, solo que son capaces de poner atención en cosas que otros no vemos. A veces la inopia, a veces un deseo, a veces una reflexión. Y es que Luis en sus paseos desnortados ha acumulado desde siempre historias que contar. Ha ido haciendo memoria documentada como la que hacían las cámaras de vídeo antiguas y desde hace unos años la proyecta en forma de pensamiento para que otros las leamos.

A Luis podríamos llamarle su historiador de barrio, yendo por nuestros vecindarios como el tapicero, contando y gritando la historia de sus calles. Alguna vez ha participado en paseos organizados. Pero quiere más. Ha escrito Barrionalismo. Leer este texto es pasear mientras lees; cada palabra un paso, cada párrafo una manzana, cada capítulo un barrio, pasar de página es doblar la esquina. Seguir los pasos del autor te llevará a hacerte preguntas. ¿Qué tengo que ver con mi barrio de la infancia? ¿Y con el de ahora? ¿Cuál fue mi relación con el parque? ¿Y la de nuestros hijos? ¿Es la misma en un barrio y en otro? ¿Nos vigilan? ¿Qué es la gentrificación? ¿Es solo cosa de hipsters? ¿Qué influencia tiene el barrio en la conciencia de clase? ¿Cómo es el primer contacto con la policía en cada barrio?

Luis (o @eltransito, como se llama en la red), además de exprimir los edificios, las esquinas, adoquines y ruinas que encuentra en sus paseos, ha estudiado la historia de sus rincones y todo ello lo ha combinado con experiencias actuales a pie de calle: resistencia, especulación, empoderamiento, solidaridad, marginación, desahucio, orden, mobiliario urbano, las fiestas de barrio…

Como editor del libro que soy, he paseado por él unas cuantas veces y por ello estoy seguro de que invitaros a leerlo es un gran consejo. Caminaréis por barrios obreros, atravesaréis colonias de lujosos chalés, os veréis (o más bien no) dentro de una smart city, lo mismo que viviréis la formación de algunos barrios históricos y os sentiréis dentro de una pandilla de andén.

Con total seguridad, al terminar y quitaros las gafas de leer como si fueran zapatillas para caminar, habréis forjado vuestro sentimiento barrionalista.

Paseen y lean.

Presentaciones en Granada de Mientras tanto escribo para resistir

Esta semana se presenta en Granada el libro Mientras tanto escribo para resistir. Sintiendo fronteras. Camboya-Marruecos (Decordel, 2018) de Margarita Bujosa Segado.

El libro trata la experiencia de la autora en el transcurso de su trabajo como investigadora, que a ella la lleva a implicarse personalmente. Entrelaza las historias de resistencia de los voyageurs, personas en proceso migratorio resistiendo a la violencia producida por el racismo institucionalizado durante el cruce de la frontera Sur de Europa y de las neak tosu mate de Boeung Kak, denunciando y resistiendo a los abusos institucionales contra los Derechos Humanos en Camboya.

El relato analiza y permite sentir de cerca la difícil situación de quienes afrontan saltar la valla (en Marruecos) o resistir para que no les quiten sus hogares (en Camboya)

Mientras tanto escribo para resistir tendrá una primera presentación el miércoles 5 de septiembre a las 21 h en Albaicín (bar El Higo / calle Horno del Hoyo, 17) y otra en el marco del IV Congreso Internacional de Antropología AIBR (el jueves 6 a las 17 h.)

Aquí toda la información sobre el libro y la autora y aquí el evento en Facebook

 

Mientras tanto escribo para resistir: camino de la imprenta…es el mejor camino

Sí, ya hemos mandado a imprenta Mientras tanto escribo para resistir. Sintiendo fronteras. Camboya-Marruecos, de Margarita Bujosa Segado. Se trata de un relato en primera persona, desde las entrañas y el cerebro, de la autora y sus vivencias con la comunidad de mujeres en lucha contra la expropiación de Boeung Kak y en la Frontera Sur. Pero también es una reflexión acerca de la potencialidad del trabajo académico –en su caso la etnografía– para involucrarse con la realidad y sumar en pos del cambio, y acerca de los motivos que mueven a la resistencia en diferentes ámbitos unidos por la agresión.

El libro se presentará la semana que viene en el marco del IV Congreso Internacional de Antropología AIBR, en Granada (el 6 de septiembre a las 17 h.).Estad atentos y atentas, en los próximos días daremos más información sobre esta novedad.

RESUMEN:
El libro entrelaza las historias de resistencia de personas que poco tienen en común; las neak tosu mate de Boeung Kak, denunciando y resistiendo a los abusos institucionales contra los Derechos Humanos en Camboya y los voyageurs, personas en proceso migratorio resistiendo a la violencia producida por el racismo institucionalizado durante el cruce de la frontera Sur de Europa. A pesar de vivir realidades únicas en contextos muy diferentes todas estas personas tienen en común la determinación, movidas por el dolor infringido a su existencia, de arriesgar diariamente tanto su libertad cómo su integridad física para resistir contra instituciones gubernamentales opresoras negándoles el derecho a existir. Estas personas son representadas en el imaginario occidental como la otredad parte del caos reinante más allá de las fronteras de occidente, de la cual estas mismas fronteras nos protegen. Sin embargo, desentrañando las causas al origen de la coyuntura y circunstancias de estas personas, rápidamente tomamos conciencia de cómo la realidad envolviéndolas se fundamenta, en gran medida, en decisiones políticas tomadas en el interior de las mismas fronteras excluyéndolas; resultando estas personas constreñidas a resistir contra esos regímenes autoritarios cuando en realidad es nuestro sistema económico y político (el occidental) quien mayor beneficio obtiene de su dolor.

El nexo de unión entre las historias de estas personas fue mi propia historia. Expulsada de Camboya a causa de mi participación -en el marco de la investigación doctoral- en las actividades de resistencia llevadas a cabo por las neak tosu mate aterricé, movida por la curiosidad despertada por mi falta de empatía con las personas asesinadas en la frontera sur, en el seno de un grupo de voyageurs en Tánger. Una vez allí, ellos quieren que relate su historia de resistencia contra la violencia ejercida hacia ellos en la frontera sur; yo quiero escribir para contar las historias de personas ordinarias con el coraje necesario para resistir al designio injusto de un poder político y económico definido como democrático, sin embargo retroalimentándose en la explotación humana. La suma de nuestras necesidades da lugar a esta etnografía de la resistencia a la vez una etnografía para resistir.

Por qué dejé (un poco) de lado las pegas a la perspectiva barrionalista

Recuerdo una conversación con J. después del 15M. Yo iba a la asamblea de mi barrio y estaba entusiasmado con el movimiento derramándose por la ciudad. Él me dijo algo así: “a mí no me interesa la gente que va a la de mi barrio, prefiero ir a la de Política al largo plazo en Sol, donde me encuentro más a gusto”.

Yo ahora he escrito un libro que se llama Barrionalismo, que en algunas partes exacerba las potencialidades de juntarnos en nuestros barrios a capear el temporal y, a ser posible, organizarnos para dar un paso al frente. Soy consciente de que hay algo de hipérbole y de propaganda en ello. Los barrios suelen estar hoy atravesados por el mismo individualismo y por la anomia que el resto de la sociedad a la que pertenecen. En diferentes momentos del libro alerto sobre la necesidad de huir de una idea romántica del barrio, pero he decidido, conscientemente, dale el espacio a las semillas que, sinceramente, también creo que contiene.

La advertencia ya la hizo, Henry Lefebvre en un artículo, Barrio y vida de barrio (1971), en el que alerta de la inconsistencia de la ideología de barrio y ahora lo hace Marina Garcés en Ciudad Princesa –gracias por el aviso sobre el capítulo a Imanol de Katakrak–. El libro no lo he terminado, quizá aparezcan más referencias, pero en el apartado Una globalización de barrio se remonta a la expansión de la política okupa de barrio durante los primeros 2000 en Barcelona, y vuelve a ello a propósito de discurso actual del municipalismo del cambio (será en Barcelona, porque en Madrid…) para advertir de las dificultades de establecer vínculos cercanos en barrios vaciados de barrialidad (término de José Luis Oyón) y sociedades globalizadas.

Bueno sí, tiene razón, como la tenían también mi amigo J. y Lefebvre. Sin embargo, aunque es obvio que existen otros espacios de sociabilidad política en la ciudad menos pegados al territorio inmediato, sólo hay que abrir los ojos y las orejas en la propia calle para encontrar sendas tapadas por rastrojos, y salir de los contornos centralistas del activismo de tu ciudad, para toparte con gente haciendo cosas fuera del foco. Tampoco es verdad que el barrio se haya idealizado siempre, además. Más bien al contrario, a los golpes de pecho de orgullo de barrio siempre les acompañó la frase salir del barrio como sinónimo de superación personal.

Barrionalismo no trata sólo de barrionalismo, advierto. Trato caprichosamente diversos temas relativos a la ciudad, los movimientos sociales y el hacer juntos. La mirada, sin embargo, sí trata de ser desde lo inmediato, a ras de suelo y desde el barrio. Y, vaya, sí, dedico mucho más a pensar en lo que juntarnos en nuestras calles puede darnos que en lo que nos quita, si es que perdemos algo por quedarnos en el ámbito en el que podemos llegar caminando.

Presentando La burbuja y tejiendo redes: crónica de la gira norteña

¿La verdad? No salimos todos los días de gira. Vale, sé que cuesta creerlo, pero es así. La semana pasada hicimos tres presentaciones en Iruñea (Katakrak), Donostia (Tobacco Days) y Azpeitia. Cada una de las tres postas en el camino de nuestra gira norteña nos dio algo diferente.

Jose y Luis salieron en coche hacia Iruñea el jueves 8. Allí nos estaba esperando Gorka Julio, de Talaios y Olatukoop, que ha sido el verdadero ideólogo-productor de la tanda de presentaciones. También, junto a Miri, el anfitrión. Eternamente agradecidos a ambos.

Todo muy de grupo de hardcore de los 90: carretera, manta y casas de amigos…pero con unas vistas preciosas en el barrio de Gros. Como en aquella época, los promotores de las giras eran otros grupos, en este caso Olatukoop, interesantísima experiencia a la que luego volveremos.

La presentación en Tobacco Days.

En Katakrak nos recibieron Imanol, Mónica y Hedoi ¡Menudo proyecto! En pleno centro histórico de Pamplona /Iruña hay una casa enorme del activismo que no deberíais perderos. Cantina, librería ¿la más grande de contenido político en el Estado? y motor intelectual de la ciudad, con casi 300 actividades anuales. Hubo conversaciones enriquecedoras sobre el libro entre bambalinas: con Laureano, que hace su tesis sobre un tema afín al libro, o Sebas, que era el delantero de nuestro equipo de fútbol de la adolescencia. Y con Mikel e Itxaso, o con una pareja que guarda celosamente la materia de su emprendimiento, o con un industrial de los de antes (que no emprendedor), cuyo nombre no llegamos a saber.

El viernes 9 fuimos a buscar a Silvia a la estación de tren. La presentación del día fue en Tobacco Days, una librería situada en el interior de Tabakalera. Si Katakrak es un proyecto colectivo -y extensivo- de vida, Tobacco es el personalísimo rincón vital de Inés. Librera y librería comparten estilo y personalidad: tiene una selección exquisita sin dejar de ser un poco la librería de barrio para una plaza central en la que la ciudad popular ha sabido apropiarse de un espacio que, a priori, pareciera diseñado para la gente de la cultura de vanguardia. Como el día anterior, la presentación fluyó con el relajo de tener una copita de vino entre las manos. El jueves presentaba Gorka, y en esta ocasión se subió al escenario Beñat Irasuegi, que dio la alternativa a Silvia García, para explicar nuestro proyecto antes de que Jose tocara lo mejor del repertorio.

Brindando con algunos de los asistentes a la presentación de Katakrak

No está bien que lo digamos nosotros –los piropeados no escriben este post– pero Silvia y José estuvieron muy bien como vocalistas.

Vuelta a la carretera y último bolo: presentación de La burbuja del emprendimiento en el marco de una reunión de Olatukoop, una impresionante red de economía social. Presentaba Amaia Oleaga, en formato entrevista, y el escenario era Sanagustin Kulturgunea, antigua iglesia reconvertida en proyecto comunitario-cooperativo con mediación del Ayuntamiento. Allí, con la ayuda de Gorka en la traducción, pudimos empaparnos de los principios rectores de su emprendizaje social y cooperativo, que pone la vida en el centro y la abundancia en el horizonte.

Gorka Julio

Uno, que fantasea en esta crónica con subirse a un escenario precisamente porque tiene una oreja enfrente de la otra, puede imaginar que lo mejor de aquellas giras musicales hardcoretas eran las cosas que sucedían de la furgo al escenario y del concierto a la celebración posterior. De la misma manera, algunas de las cosas más jubilosas de la gira norteña ocurrieron en los tiempos muertos y, en nuestro caso, se pueden contar: las conversaciones desde arriba del monte Urgull, conocer a los participantes de un programa radiofónico centrado en el mundo de los sintecho (Iñaki Huici, Juan Carlos y Olaia Duarte), la plática chispeante –y cómplice– con Iturri y con Sorkunde, los pequeños de Beñat, la amabilidad de Irune o Begoña, la alegría de Miri…y los momentos junto a otras muchas personas cuyos nombres no recordamos en este momento, pero que quedan como centelleos en la memoria de una red que se va tejiendo ante nosotros.

*Los momentos que hemos pasado hablando de lo bueno que hubiera sido que Loren hubiera estado también en la gira norteña necesitan una crónica aparte.
**Por si leyera alguien de allá arriba: en Katakrak y en Tobacco Days han quedado libros. También se puede encontar ya en Louise Michel Liburuak (Bilbo)

Fragmentos liberados: La burbuja del emprendimiento

Liberamos un fragmento de La burbuja del emprendimiento y la atomización de la clase trabajadora, de José Manuel Martínez Bedia.

Autónomo

Otro término en cuyo origen y utilización cabe detenerse es el de autónomo. La RAE, que en su segunda acepción define autónomo o autónoma como «la persona que trabaja por cuenta propia, recoge igualmente su uso como adjetivo y sustantivo».

Un autónomo, en su uso convencional, no es más que una persona que trabaja por sí misma, haciéndose cargo de sus derechos y obligaciones, y de su actividad. Por lo tanto, no debe confundirse los términos autónomo y emprendedor. Se puede ser autónomo sin ser emprendedor y viceversa. Sin embargo, sí me parece objeto de este texto el estudio del uso del término autónomo dentro de la burbuja del emprendimiento por varios motivos. En primer lugar, la mayor parte de los emprendedores son autónomos. Por otro lado, merecerá la atención del análisis principal de este ensayo la utilización del autónomo como empresario individual en beneficio del sistema, apoyándose principalmente en la sensación, cada vez más establecida, de que si no ganas dinero suficiente es porque no quieres. Si no encuentras trabajo, hazte autónomo y créatelo tú. Una suerte de puya (y pulla) liberal con la que se trata de envalentonar a los individuos en detrimento del colectivo de la clase trabajadora.

En la Historia Económica, el término autónomo se comenzó a aplicar para trabajos artesanales, algo que se mantuvo con la revolución industrial cambiando, sin embargo, el tipo de cliente objetivo en muchos de los gremios, pasando de comerciar, en su mayoría, con otros autónomos a hacerlo en muchos casos con grandes empresas, en ocasiones convertidas en sus clientes únicos.

Hay que destacar, en lo que concierne a este texto, la dificultad histórica que ha tenido el trabajador autónomo en asociarse y reivindicarse, probablemente debido a su aislamiento como individuo trabajador y a la diversidad de intereses difícilmente agrupables. Así pues, en las primeras regulaciones laborales españolas en los siglos XIX y XX, apenas se recogían derechos para los trabajadores por cuenta propia, que hasta 1976 se vieron ignorados por la legislación.

Los autónomos en España lo son por muchos motivos. En ocasiones, por desarrollar profesiones en las que de un modo independiente se atiende a muchos clientes. Las personas también se pueden hacer autónomas por necesidad, como búsqueda de una salida, por obligación legal al tener más del 25% de acciones de una empresa o porque se lo exige su empleador.

En la actualidad, es de común uso el término freelance para aquellos profesionales que ejercen su trabajo de manera autónoma. Parece sobreentenderse un grado de libertad mayor que en otros términos utilizados en el sector, tal vez por su traducción literal del inglés. Se suele aplicar a personas que han forjado una dilatada experiencia en un sector y se han decidido por trabajar sin depender de una empresa.

Emprendedores, autónomos y clase trabajadora

La caracterización y evolución de clase es un debate largo y profundo, que escapa absolutamente al contexto de este ensayo. Desde una concepción marxista clásica, la clase trabajadora vende su fuerza de trabajo a quienes tienen la propiedad de los medios de producción y se quedan con las plusvalías del trabajo ajeno. Habrá quien pueda utilizar este planteamiento para oponerse a la afirmación de que un autónomo es un trabajador. Sin embargo, tan solo una quinta parte de ellos tiene trabajadores a su cargo, por lo que difícilmente podrían apropiarse de plusvalía alguna. Por otro lado, son muchos los que, despojada la hojarasca propia de la mística del emprendedor, se quedan en trabajadores externos, cuyos ingresos dependen de una o dos empresas. Estos se parecen más al trabajador que tejía en su casa para una empresa en los primeros tiempos de la industrialización que al empresario. En este caso, como en aquél, el hecho de tener en propiedad un rudimentario telar no le hace propietario de los medios de producción, dado que su instrumental es más bien la herramienta de trabajo.

En muchas otras ocasiones, con algún trabajador a su cargo, el emprendedor se asemeja a la figura del profesional o del tendero que nunca han encontrado un acomodo claro en la tradición académica, más allá del cajón de sastre de la pequeña burguesía, en la mayoría de los casos con unas condiciones de vida antes equiparables a las de los trabajadores que a los de las élites.

Ya sea a través de un análisis de los medios de producción —que no es central en este libro— o atendiendo al entorno social en el que desempeñan sus vidas muchos de los emprendedores (o a sus niveles de renta), encontramos que la situación antropológica de una gran parte de ellos debe ubicarse en la clase trabajadora. No así de otros, claro, pero no son estos empresarios quienes son elemento central del libro.

Decordel en ruta ¡Oh yeah!

Nos vamos de excursión. Con la ayuda indispensable de Olatukoop y Gorka Julio vamos a tener mini gira de presentación norteña de La burbuja del emprendimiento y la atomización de la clase trabajadora.

El día 7 de junio estaremos visitando en Pamplona/Iruña visitando la librería Katakrak; el 8 en Donostia/San Sebastián en Tobacco Days (Tabakalera), y el 9 nos plantamos en Azpeitia con la gente de Olatukoop para dar la nota en un evento de emprendimiento social.

Decordel en ruta, Oh yeah!

Adelanto de novedades: en qué estamos trabajando

Hola, lectores y amigos –en muchos casos las dos cosas juntas–, veníamos a romper el silencio de los últimos días para contaros en qué estamos trabajando. Para que os pongáis el baberito, se os hagan los dedos huéspedes…o al menos no os olvidéis de nosotros.

Trabajamos contra reloj para tener los más rápidamente posible nuestros dos proyectos para antes del verano. Por un lado, USUFRUCTO, nuestra revista de miscelánea social con mirada crítica. La edición nos está comiendo bastante trabajo por la diversidad de los textos y formatos. Habrá mucho sobre cuidados, salud, habrá una entrevista importante a un nombre mítico de las artes desde una perspectiva política y se podrá encontrar un poco de todo para leer sosegadamente.

Por otro lado, estamos trabajando las galeradas de Barrionalismo, de Luis de la Cruz. Un ensayo sobre la ciudad con mirada desde abajo compuesto por mini ensayos. Muy prontito os contamos más. En la distancia, tenemos también alguna cosilla para quitarnos el recién adquirido mono de editar después de verano.

Seguimos, por otra parte, trabajando en la distribución de La burbuja del emprendimiento en librerías, de José Manuel Martínez Bedia (¡esta semana reimprimimos!), y pronto tendréis noticias acerca de una mini gira de presentaciones por el norte de España.

Os dejamos, que tenemos nosecuantasmil notificaciones en el chat de trabajo.

De leer y follar: los pobres también leen, algunos mucho

John Waters con Divine hace la tira de años

Hace un tiempo se puso de moda en las redes sociales criticar una cita del director de cine John Waters que dice “Necesitamos hacer que los libros molen de nuevo. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles”. Como casi todas las citas, la frase encierra algo totalitario, es una sentencia inamovible disparada como un escupitinajo que se deshace en cuanto se pretende hacer comentario de texto sobre ella.

La crítica que se vertía sobre la cita la tildaba de clasista, reduccionista y afectada. Parece obvio que los libros no son nada más que una de las muchas vías para adquirir conocimiento (reduccionista), que los valores de una persona transcienden en mucho su cultura libresca (afectado, esnob) y que… ¿los libros son cosa de las clases superiores? Un momento…

No vengo yo a rebatir las teorías del capital social ni a negar la evidencia: habitualmente, las clases trabajadoras en la base del gradiente social tienen menos oportunidad para estudiar y un acceso más complicado a la lectura que las clases dominantes. Van al cole en sistemas educativos pensados para otros, disponen de menos pasta para libros y, en general, han de vender su fuerza de trabajo en mercados de trabajo en los que las habilidades relacionadas con la lectura no resultan cruciales.

Sin embargo, al margen de algunos puntos porcentuales en la estadística de turno, los libros nunca han sido algo ajeno a la clase trabajadora. Lo sabe cualquiera que viaje en metro y observe a las mujeres trabajadoras de buena mañana –sobre todo a ellas– que precisan de volúmenes gruesos, adecuados al tiempo de transporte que necesitan para llegar a sus puestos de trabajo.

Foto de https://blog.uchceu.es/delibecracia

Durante dos años trabajé en una biblioteca pública de un barrio trabajador, un lugar humilde en el que aquel edificio era, entre otras cosas, un espacio que venía a suplir las carencias materiales de parte del vecindario. Había aire acondicionado en verano, prensa cada mañana, acceso a internet y un montón de música, cine y libros de todo tipo. Aquellos años aprendí mucho de un buen número de usuarios de la biblioteca y pude corroborar que abundan los lectores compulsivos entre todas las clases sociales.

Para muchas gentes humildes aprender a leer y escribir siempre fue visto como un tesoro, un orgullo y una herramienta emancipadora. Durante el último tercio del XIX y el primero del XX, proliferaron las escuelas nocturnas y los obreros oautodidactas, tratando de escapar al determinismo de su clase. Los periódicos de las organizaciones obreras, escritos por trabajadores en gran medida, eran su institución más importante y eran leídos a otros trabajadores por aquellos alfabetizados. Lo primero que se hacía al abrir un ateneo o una casa del pueblo era montar una pequeña biblioteca.

El libro, en suma, no fue sólo una vía de desclasamiento sino una herramienta propia de la clase trabajadora que, precisamente por ser consciente de la dificultad que los obreros tenían para acceder a las cuatro reglas, hicieron de la cultura uno de los ejes de su lucha.

Manejando los datos de una biblioteca de la Sociedad de Ebanistas de Madrid entre los años 1912 y 1913 encontramos que aquellos trabajadores leían a Blasco Ibáñez, a Dicenta, o a Galdós; a Anselmo Lorenzo y a Karl Marx; a Zola y a Gorki; sobre Amatoria sexual o Ciencia moderna… No debían ser los más los que llevaban en el morral las enseñanzas geográficas de Reclús, pero sabemos que la lectura en grupo no era tampoco una extravagancia ¿Eran estos obreros unos culturetas? ¿Unos esnobs?

Algunos de los críticos de Waters –no todos, y no faltaban razones para resaltar las limitaciones de la cita– asumían que tener una estantería con libros en casa no es cosa de pobres y daban a entender que el libro no forma parte de la cultura de las clases populares. No es verdad.

De la cita también se pueden extraer la primera parte: “Necesitamos que los libros molen de nuevo”. Y ¿por qué no? La certeza de que una persona puede interesarte por los más variados motivos, pero si encuentras en su casa unos cuantos libros que te conecten con ella, quizás hayas encontrado un hueco cómodo para quedarte conversando largo rato después de follar. Y lo mismo, o lo mismo no, unas manos para montar una barricada si se tercia.

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Sería largo y laborioso cortar la cabeza de los tiranos; es más fácil cortar el pelo de los esclavos…

Chesterton